A pesar de que existen muchas diferencias entre nosotros y los demás animales (algunos podemos correr, otros vivir bajo el agua, volar, jugar al ajedrez, percibir ultrasonidos, escribir, etc.) en general todos los animales somos iguales en que somos capaces de sentir y esto nos hace merecedores a todos del mismo respeto seamos humanos, vacas, cerdos, atunes, etc.
Cuando decimos que todos los animales (humanos y no humanos) somos iguales, utilizamos la misma clase de afirmación empleada para exigir un respeto igualitario entre humanos. No se quiere decir con esto que todos los humanos sean iguales de hecho, ya que es obvio que existen diferencias entre nosotros que se traducen a veces en intereses, deseos o necesidades distintas. Lo que significa la afirmación "todos los animales somos iguales" es que los intereses de todos/as deben ser considerados equitativamente, sin discriminaciones arbitrarias.
La capacidad para sentir: la base del respeto igualitario
Sentir significa poder experimentar sensaciones, implica que quienes sentimos somos conscientes del sufrimiento y del disfrute. Por ello, nos importa nuestra vida y queremos seguir percibiendo sensaciones agradables y evitando las desagradables.
En general, todo animal que posee sistema nervioso tiene dicha capacidad para sentir, y ésta permite que tengamos interés en vivir y no sufrir. Dichos intereses los compartimos todos los animales, independientemente de nuestra inteligencia, especie, raza, sexo, etc. Alguien más inteligente o con un aspecto diferente al nuestro, no tiene por qué experimentar el sufrimiento que le produce un golpe o el disfrute de forma diferente ni más intensa.
¿Y qué intereses comunes poseemos los animales? Debido a nuestra capacidad para sentir, todas/os los animales tenemos interés en vivir y en no sufrir. Dichos intereses deben ser respetados de la misma forma, ya que no es justo que el sufrimiento o la vida de alguien sea considerada más importante simplemente porque posea capacidades cognitivas mayores o pertenezca a un grupo taxonómico distinto del nuestro.
Por poner un ejemplo, no se debe priorizar el interés en no sufrir de un humano una cierta intensidad de dolor por encima del interés de un ratón en no experimentar exactamente la misma intensidad, ya que ambos comparten un interés idéntico que debe ser considerado igualmente -así como probablemente haríamos si los dos individuos afectados fueran humanos-. De la misma forma, la vida de cada animal debe ser respetada por igual ya que no hay ninguna característica que poseamos los humanos que haga que nuestra vida merezca ser considerada como más importante que la de los demás animales.
FUENTE: http://www.igualdadanimal.org/informacion
miércoles, 4 de abril de 2007
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